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Reseña Histórica
Fundación Poma se establece en 1984 con el propósito de institucionalizar la larga trayectoria de labor humanitaria y proyección social de la Familia Poma.

Nuestras bases filosóficas y acciones se enfocan en el desarrollo humano, concentrándonos en las necesidades del personal que colabora en las empresas del Grupo Poma y en los más desprotegidos de la sociedad a través del apoyo a diversas organizaciones de beneficencia con mayor impacto en el país.

Nos enfocamos en asistir a organizaciones que caen bajo nuestros cuatro sectores prioritarios: salud, educación, cultura y medio ambiente; de esta manera participamos directa e indirectamente en las áreas que consideramos prioritarias y de máximo impacto para el futuro desarrollo de El Salvador.

Esto lo hacemos a través de instituciones que Fundación Poma ha impulsado activamente, como la Fundación Salvadoreña para la Salud y el Desarrollo Social (FUSAL), la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) y, también, canalizando donativos y apoyando iniciativas vía otras organizaciones benéficas que han mostrado un sentimiento de genuino altruismo, un firme compromiso con las comunidades en las que trabajan y una trayectoria de éxito en sus labores.

Es indispensable respaldar instituciones como éstas particularmente en un país como El Salvador, en el que un alto porcentaje de la población se encuentra en la pobreza cultural y económica, sumergida en un estado de preocupante marginación.

La esencia de Fundación Poma es la solidaridad. Nos entusiasma la entrega y el espíritu de servicio de organizaciones que son ejemplo de ella y que se interesan en propiciar nuevos paradigmas de filantropía.

La Fundación apunta a un nuevo modelo que busca transitar de una cultura de caridad y asistencialismo a una nueva de capacitación y de creación de plataformas que propicien el autodesarrollo del ser humano y generen nuevos y mejores medios para elevar los niveles de vida.

Ser solidarios es compartir las oportunidades que tenemos con aquellos que, por alguna razón, no las han tenido. Su base está en reconocer que formamos parte de un todo más grande y que, por encima de las diferencias económicas, culturales o de cualquier índole, las personas tenemos mucho en común.

Debemos reconocer que pertenecemos a una comunidad, aceptar que nuestros destinos están íntimamente entrelazados y que nuestra propia felicidad está ligada al bienestar de otros. Consecuentemente con la práctica de la solidaridad, todos seremos partícipes en la creación de una sociedad más humana.